Una simple canción me hace reflexionar. Me ayuda, a escribir aquello que siento en este momento. Aquello que me transmite. Algo, que puede que te sirva, algo con lo que te rías o algo con lo que simplemente digas: "pobre niña".
Un amigo.. algo especial que conocemos poco a poco cada vez más. Aquel amigo, que un día te empieza a gustar. Le tienes demasiado aprecio, y te rebotas por el simple hecho de una bobería sin sentido. El, tan sencillo, alegre, con una respuesta para aquella pregunta a la cual tu crees imposible. Ese niño, que, te saca una sonrisa, te abraza, te besa y te dice te quiero.
Ese te quiero, que te da miedo. Ese miedo, que te atormenta y te hace pensar si verdadermante, merece la pena valorarlo, como algo más que un amigo, pero no como un novio. Simplemente, un rollo casual. Vuelve el miedo, ese miedo a hacer las cosas mal. A que, esas personas, finalmente tengan razón. Porque, a veces actuamos sin pensar. Sin contar, que cada acción tiene su reacción.
Me paro a pensar y me pregunto: ¿servirá de algo, todo lo que estoy haciendo?
Puede, puede que no. ¿Quien lo sabe? Ese amigo, de nuevo, que le tiene aprecio a cada amiga que tiene. Que no es nada celoso, y que te ríes con el y sin el.
Pero todo esto, vuelve una vez más al miedo. Ese miedo, que queremos que desaparezca, ya que no nos deja llegar a aquella a lo que nunca hemos llegado. Ese miedo, de .. de algo que no sabemos exactamente, pero que queremos que se valla.
Y ahora, lo único que nos queda, es lo mismo de siempre:
-seguir hacia delante.
Porque, posiblemente, si te quedas ahí, parado, pensando una y otra vez tus errores, dándole vueltas a lo que puede pasar.. no vas a llegar a ningún citio. Lo único que haces es vivir de una tormenta que nunca ha existido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario